Re-entrada: El prestigio

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Cuando escribí en mi antiguo blog sobre El truco final no pude enlazar mi escena favorita. Hoy, después de ver de nuevo la película por televisión, la he encontrado en YouTube. No puedo dejar de verla y de emocionarme con la elegancia argumental de el nuevo hombre transportado. Aquí la dejo, y a continuación mi antigua entrada, pero no la leáis si no habéis visto la película.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=1WHX4yyk88g[/youtube]
“Ayer estuve viendo El truco final. En otros blogs encontraréis todo tipo de críticas sobre la película, yo me limitaré a contar el truco como más me gustó a mi.
Una de las cosas buenas de la película es que, pese a su complejidad, en el fondo trata de un mismo truco; ya se haga con dos personas, dos pájaros o una moneda con dos caras. De todas las versiones de éste, yo me quedé con la de el nuevo hombre transportado: un ilusionista que atraviesa invisiblemente el escenario para recoger una chistera que él mismo ha lanzado. Por todo atrezzo: dos marcos de puerta y su partner. Tal sencillez eleva al espectáculo a la categoría de arte (“Robert Angier es el mayor artista del momento”, dicen los periódicos). A pesar de conocer lo que que no se ve del truco me quedé maravillado por la elegancia de su microargumento.
La versión definitiva, la que es prácticamente mágica, se pierde sin embargo en el efecto, y aun siendo también muy espectacular no me impactó de la misma manera. Esa es la importancia de una buena puesta en escena, y no siempre tiene que ver con el presupuesto.” (Rafa Simon dice, 15-2-2007)

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