J.M. Barrie – Peter Pan

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Entonces Wendy miró al suelo y, al ver aquella sombra tan andrajosa, sintió una enorme pena por Peter.
-¡Qué horror! –dijo, pero se le escapó una sonrisa al darse cuanta de que Peter había intentado pegársela con jabón. ¡Sólo a un chico se le podía ocurrir algo semejante!
Afortunadamente dio con la solución.
-Hay que coserla –dijo con un tono quizá demasiado condescendiente.
-¿Qué es coserla? –preguntó el.
-Eres verdaderamente ignorante.
-No es verdad.
Pero la ignorancia de Peter la hacía sentirse exultante.
-Voy a cosértela, pequeño hombrecito –le dijo, aunque era igual de alto que ella.

Y sacó el costurero para coser la sombra al pie de Peter.
-Te va a doler un poco –le advirtió.
-No lloraré –dijo Peter, que ya estaba convencido de que no había llorado en su vida.

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